Emily triunfa
Emily triunfa Esta noche he subido la colina y he merodeado a la luz de la luna por la Casa Desilusionada. Ésta fue construida hace treinta y siete años, al menos en parte, para una novia que nunca llegó. Y ahí ha estado desde entonces, tapiada, sin terminar, con el corazón deshecho, atormentada por los fantasmas tímidos y abandonados de cosas que tendrían que haber sucedido, pero nunca sucedieron. Siempre siento pena por ella. Por sus pobres ojos ciegos que nunca han visto, que ni siquiera tienen recuerdos. Ninguna luz doméstica ha brillado a través de ellos una sola vez, ni un resplandor del fuego del hogar. Podría haber sido una casita preciosa, acurrucada en la colina boscosa, rodeándose de pequeños abetos rojos para que la cubrieran. Una casita cálida, amistosa. No como la nueva que está construyendo Tom Semple en el Corner. Ésa es una casa de mal carácter. Parece una zorra, con ojos pequeños y ángulos agudos. Es raro cuánta personalidad puede tener una casa, incluso antes de que se haya vivido en ella. Una vez, hace muchísimo tiempo, cuando Teddy y yo éramos niños, arrancamos una madera de la ventana, entramos e hicimos un pequeño fuego en el hogar. Entonces nos sentamos allí y planeamos nuestras vidas. Queríamos pasarlas juntos en esa misma casa. Supongo que Teddy se ha olvidado de todas esas tonterías infantiles. A menudo me escribe y sus cartas son vitales, alegres y muy típicas de Teddy. Y me cuenta todas las pequeñas cosas que quiero saber de su vida. Pero en los últimos tiempos me da la impresión de que se han vuelto algo impersonales. Tanto podrían haber sido escritas para Ilse como para mí.