Emily triunfa
Emily triunfa Lo curioso de la carta era que, al parecer, estaba cerrada. Bien, a menudo las cartas vuelven a pegarse solas si se las deja apretadas, como ésta, y si no se les rompió la solapa al abrirlas. Seguramente no tendrÃa mucha importancia. Pero se lo mencionarÃa a la señora Kent cuando le devolviera el libro.
—¿SabÃa que habÃa una carta en el libro, señora Kent?
—Una carta. ¿Has dicho una carta?
—SÃ. Dirigida a usted.
Emily tendió la carta a la señora Kent, que se puso pálida al ver la letra.
—¿La has encontrado… en ese libro? —susurró—. Ese libro, que hace más de veinte años que no se abre… ¿Sabes… sabes quién escribió esta carta? Mi… mi esposo la escribió, y yo no la habÃa leÃdo, no sabÃa que existÃa.
Emily se sintió en presencia de una tragedia, tal vez del origen de la tortura secreta de la señora Kent.
—Me voy, para que pueda leerla tranquila —dijo, con suavidad. Salió y dejó a la señora Kent de pie en el oscuro cuarto, sosteniendo la carta como si fuera una vÃbora.
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—Te he enviado a buscar porque hay algo que debo decirte —dijo la señora Kent.