Emily triunfa
Emily triunfa Con Teddy vino Lorne Halsey, el gran Halsey, que a Emily le gustó mucho, a pesar de su fealdad. Era un individuo de aspecto cómico, con ojos vivaces y burlones que parecía mirarlo todo en general, y la boda de Frederick Kent en particular, como una gran broma. Por alguna razón, aquella actitud hizo las cosas un poco más fáciles para Emily. Ella estuvo muy brillante y alegre en los atardeceres que pasaron juntos. Le tenía pánico al silencio en presencia de Teddy. «Nunca estés en silencio con la persona que amas y de la cual desconfías», le había dicho una vez el señor Carpenter. «El silencio traiciona».
Teddy era muy amable, pero su mirada siempre evitaba a Emily. Una vez, cuando iban todos caminando por el viejo parque bordeado de sauces de la propiedad de los Burnley, a Ilse se le ocurrió la feliz idea de elegir una estrella favorita.
—La mía es Sirio. ¿La tuya, Lorne?
—Antares, de Escorpión, la estrella roja del sur —contestó Halsey.
—Bellatrix, de Orion —se apresuró a decir Emily. Nunca había pensado en Bellatrix, pero no osó vacilar ni un segundo delante de Teddy.