Emily triunfa
Emily triunfa Hacía tiempo que Emily había pedido a la tía Laura que se ocupara de sacar de la casa todas sus pertenencias, todo excepto la bola que mira. No soportaba verla. Seguiría colgada allí, reflejando la sala, en su semipenumbra plateada, a la luz difusa que entraba entre las celosías de las persianas, como cuando Dean y ella se habían separado. Se decía que Dean no había sacado nada de la casa. Todo lo que había llevado seguía allí.
La casita estaría muy fría. Hacía tanto tiempo que no había habido un fuego en ella… Qué abandonada, qué solitaria, qué dolorida se la veía. No había luces en las ventanas, la hierba invadía los senderos, las malas hierbas se arracimaban alrededor de las puertas que hacía mucho que nadie abría.
Emily estiró los brazos como si quisiera abrazar la casa. Flor se restregó contra sus tobillos y ronroneó, pedigüeño. No le gustaban aquellos paseos con frío y humedad, el hogar de la Luna Nueva era mucho mejor para un gatito ya no tan joven. Emily levantó en brazos a su viejo gato y lo apoyó sobre el portón desvencijado.