Emily triunfa
Emily triunfa Emily iba todas las tardes a sentarse un rato junto a él. Era la única persona a la que el anciano quería ver. Él no hablaba mucho, pero le gustaba abrir los ojos cada pocos minutos e intercambiar con ella una pícara sonrisa de entendimiento, como si los dos se rieran juntos de una broma excelente de la cual sólo pudieran mostrar el resultado. La tía Louisa no sabía qué pensar de aquel tráfico de sonrisas y, por consiguiente, le parecía mal. Era una persona de buen corazón, con un gran instinto maternal de verdad en su agostado pecho de doncella, pero se sentía completamente perdida con las sonrisas alegres y pícaras de un paciente en su lecho de muerte. Pensaba que habría sido mejor para él pensar en su alma inmortal. Él no era miembro de la iglesia, ¿verdad? Ni siquiera aceptaba que fuera a verlo el ministro. Pero Emily Starr era bienvenida cada vez que iba. La tía Louisa tenía sus secretas sospechas sobre la tal Emily Starr. ¿No escribía? ¿No había descrito a la prima segunda de su madre, su propia sangre, en uno de sus cuentos? Probablemente buscaba un «personaje» en el lecho de muerte de aquel viejo pagano. Eso explicaba su interés, sin ninguna duda. La tía Louisa miraba con curiosidad a aquella joven vampiresa. Esperaba que Emily no la pusiera a ella en un cuento.