Emily triunfa

Emily triunfa

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—Fue entonces cuando perdí toda esperanza. Me había engañado demasiadas veces. Te vi junto a la ventana, resplandeciendo, me pareció, con un resplandor helado, como una fría estrella lejana. Supe que me habías oído, pero, por primera vez, no respondiste a nuestra vieja llamada. Parecía que no quedaba nada por hacer, más que olvidarte, si podía. Nunca lo logré. A veces creía que sí… hasta que miraba a Vega de la Lira. Y me sentía solo. Ilse fue una buena compañera. Además, creo que pensé que con ella podría hablar de ti, mantener un rinconcito en tu vida como el esposo de alguien a quien tú querías. Sabía que Ilse no me quería demasiado, que yo no era más que el premio consolación. Pero pensé que los dos nos llevaríamos bien y que nos ayudaríamos a mantener alejada la temible soledad del mundo. Y entonces —Teddy rió para sus adentros—, cuando ella me dejó «ante el altar», según la fórmula de Bertha M. Clau, me puse furioso. Me había hecho quedar como un soberano tonto, a mí, que creía que comenzaba a ser alguien en el mundo… ¡Ay, cómo detesté a las mujeres! Me sentí muy herido. Había llegado a estimar a Ilse. En cierto sentido, la amé.

—En cierto sentido. —Emily no sintió los más mínimos celos.

3

—No sé si yo me quedaría con las sobras de Ilse —comentó la tía Elizabeth.


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