Utopía

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Dicen que lo mismo que a ciertas mujeres embarazadas se les corrompe el gusto del paladar y saborean la pez y el sebo como si fueran más dulces que la miel, así el juicio estragado y pervertido (ya sea por enfermedad o por mala costumbre) tampoco puede mudar la naturaleza de las cosas y, por tanto, su deleite natural.

En cuanto a los deleites que tienen por sanos y verdaderos, los subdividen en diferentes especies.

Como deleite del alma ponen el entendimiento y aquella dulzura, que procede de contemplar la verdad, juntando a ello la memoria de haber vivido bien.

El deleite del cuerpo lo dividen en dos aspectos: uno que recrea lo sensible y restaura la vitalidad que hay en nosotros fomentándose con la comida y la bebida, así como en otras ocasiones expulsando aquellas cosas de cuya abundancia está lleno el cuerpo, como evacuando el estómago o en la generación, o dando satisfacción a algún prurito, en cuyos casos se goza de un deleite natural. Hay otro deleite que no responde a ningún deseo de los sentidos, sino a una fuerza oculta que produce delectación, y es la Música.


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