UtopÃa
UtopÃa Si alguno con el deleite de las medicinas y de las distracciones se tiene por bienaventurado, tendrá que confesar que será tanto más feliz cuanto más perseguido se vea por el hambre, la sed y los pruritos, y ¿quién no ve que esto es miserable y asqueroso?
Éstos son en verdad deleites Ãnfimos y bajos, pues no se refieren a sà mismos, sino que aparecen con la presencia de los dolores contrarios. El placer de la comida siempre va acompañado del hambre, aunque no con igualdad, ya que cuanto mayor es el hambre tanto más dura el dolor, aun antes del deleite, y no se acaba sino juntamente con él.
Por ello son de opinión de que tales deleites no se deben estimar sino cuando la necesidad los pide. Con todo, tienen gusto en ello y reconocen con gratitud que es un regalo de la naturaleza, la cual atrae con suavidad a los efectos de aquello que se hace a causa de la necesidad; ya que si los males de la sed, el hambre y demás que nos afligen, se tuvieran que remediar con purgas y con medicamentos amargos y desabridos… ¡con qué malestar y congoja se vivirÃa!