Utopía
Utopía —Pues te equivocas. Porque, aunque este hombre ha navegado, no lo ha hecho como lo hiciera Palinuro, sino como Ulises, o mejor, como Platón. Rafael Hitlodeo (el primer nombre es el de familia) no desconoce el latín y posee a la perfección el griego. El estudio de la filosofía, a la que se ha consagrado totalmente, le ha hecho cultivar la lengua de Atenas, con preferencia a la de Roma. Piensa que los latinos no han dejado nada de importancia en este campo, a excepción de algunas obras de Séneca y Cicerón. Entregó a sus hermanos el patrimonio que le correspondía allá en su patria, Portugal. Siendo joven, arrastrado por el deseo de conocer nuevas tierras acompañó a Américo Vespucci en tres de los cuatro viajes que ya todo el mundo conoce. En el último de ellos ya no quiso volver. Se empeñó y consiguió de Américo ser uno de los veinticuatro que se quedaron en una remota fortificación en los últimos descubrimientos de la expedición. Al proceder así, no hacía sino seguir su inclinación más dada a los viajes que a las posadas. Suele decir con frecuencia: «A quien no tiene tumba el cielo le cubre» y «Todos los caminos sirven para llegar al cielo». Desde luego, que, si Dios no se cuidara de él de modo tan singular, no iría lejos con semejantes propósitos. De todos modos, una vez separado de Vespucci se dio a recorrer tierras y más tierras con otros cinco compañeros. Tuvieron suerte, pudiendo llegar a Trapobana y desde allí pasar a Calicut. Aquí encontró barcos portugueses que le devolvieron a su patria cuando menos lo podía esperar.