UtopÃa
UtopÃa Las ciudades que se les rinden las amparan, y no saquean las que conquistan, excepto las casas de los que estorbaron la rendición, a cuyos dueños les quitan la vida y a los que la defendieron los hacen esclavos; pero a la muchedumbre no le hacen ningún daño. A los que aconsejaron la rendición les dan parte de los bienes de los condenados y el resto lo dan a los soldados forasteros que luchan con ellos, ya que ninguno de los de UtopÃa tiene parte en la presa ni en el botÃn.
Al terminar la guerra no cobran los gastos a los amigos que ayudaron, sino que los cobran a los vencidos, parte en moneda (que guardan para otras ocasiones de guerra) y parte en heredades, cuyas rentas dedican al mismo fin. Al presente tienen bienes de esta clase entre muchas naciones, y han crecido de tal manera que las rentas son cuantiosÃsimas.
Si algún PrÃncipe, tomando las armas contra ellos, intentan entrar en su Isla, le salen al encuentro y le rechazan rápidamente fuera de sus tierras con grandes fuerzas. En ningún caso se han visto tan apurados que hayan tenido necesidad de que acudiera socorro alguno de sus amigos a su Isla.