UtopÃa
UtopÃa —En cuanto a antigüedad —respondió Rafael— sólo podrás juzgar sensatamente después de haber leÃdo historias de aquellos reinos. De darles crédito, tendrÃamos que reconocer que hubo allà grandes ciudades, aún antes de que hubiera hombres entre nosotros. Por lo demás, los adelantos debidos al esfuerzo o a la casualidad, lo mismo se pueden producir aquà que allÃ. Mi opinión es que les aventajamos en inteligencia, si bien, pienso que en cuanto a rendimiento y trabajo, quedamos muy por debajo de ellos. Antes de que yo llegase allà poco o nada conocÃan de nuestro mundo. Según sus anales, los ultra equinoccionales, que es como nos llaman, llegaron hasta ellos hace unos mil doscientos años. Las olas lanzaron hasta las costas de UtopÃa, donde naufragó, una nave con unos cuantos romanos y egipcios que ya nunca pudieron salir de allÃ. Ni que decir tiene que los utopianos sacaron provecho de esta circunstancia. De los náufragos aprendieron todo lo que estos sabÃan sobre las ciencias y las artes aplicadas en el imperio romano. O fueron ellos mismos los que las descubrieron a base de las orientaciones recibidas. Grandes fueron, ciertamente, las ventajas que de este hecho fortuito y único sacaron los utopianos. Es también posible que en tiempos pasados algunos de ellos hayan llegado también aquÃ. Si fue asÃ, ha sido olvidado. Como se olvidará, sin duda, esto que estoy contando: que yo estuve un tiempo en aquellas tierras. Pero ellos, los utopianos, supieron aprovechar este primer encuentro asimilando cuanto nosotros habÃamos descubierto, para hacer la existencia más grata. Mucho me temo que pasen largos años sin que nosotros nos decidamos a adoptar lo que ya tienen institucionalizado mejor que nosotros. Creo que esta es la razón fundamental por la que, teniendo nosotros más inteligencia, están ellos mejor organizados que nosotros y su vida sea más feliz.