Piense y hágase rico
Piense y hágase rico La magia de la personalidad de Schwab se habÃa puesto en acción con toda su potencia, pero lo más importante y perdurable fue el programa detallado y explÃcito que presentó para el engrandecimiento del acero. Muchos otros hombres habÃan tratado de interesar a Morgan en montar juntos un trust del acero a partir de combinaciones con empresas de pastelerÃa, cables y flejes, azúcar, goma, whisky, aceite o goma de mascar. John W. Gates, el apostador, lo habÃa urgido a hacerlo, pero Morgan no habÃa confiado en él. Los hermanos Moore, Bill y Jim, mayoristas de Chicago que habÃan fusionado una fosforera y una corporación de galletitas, habÃan tratado de convencerlo, fracasando en su intento. Elbert H. Gary, el sacrosanto abogado del Estado, quiso atraerlo a su terreno, mas no llegó a ser lo bastante grande como para impresionarlo. Hasta que la elocuencia de Schwab elevó a J. P. Morgan a las alturas desde donde pudo visualizar los sólidos resultados del proyecto financiero más atrevido que se hubiera concebido nunca, la idea era considerada un delirante sueño de especuladores ingenuos.