Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Me imaginé primero que las personas de este jardín tenían todas alguna influencia sobre los astros, y que el que daba vuelta sin cesar en el mismo círculo regulaba así la marcha del sol. Un viejo, a quien sólo llevaban en determinadas horas del día y que hacía nudos, consultando su reloj, me parecía como el encargado de verificar la marcha de las horas. Me atribuí a mí mismo una influencia sobre el movimiento de la luna, y creí que ese astro había recibido del Todopoderoso el golpe de un rayo que trazó sobre su rostro la huella que había advertido en la máscara.
Atribuí un sentido místico a las conversaciones de los guardianes y a las de mis compañeros. Me parecía que eran los representantes de todas las razas de la tierra y que se trataba de fijar de nuevo, entre nosotros, la marcha de los astros y de dar un desarrollo mayor a su sistema. Según mi criterio, un error se había deslizado en la combinación general de los números y de allí venían todos los males de la humanidad. Creía también que los espíritus celestes habían tomado formas humanas y asistían a ese congreso general, fingiendo ocuparse en servicios vulgares. Me parecía que mi papel era restablecer la armonía universal por arte cabalístico y buscar una solución, al evocar las fuerzas ocultas de las diversas religiones.

