Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Sobre un elevado picacho de Auvernia ha resonado la canción de los pastores. ¡Pobre MarÃa! ¡Reina de los cielos!, es a ti a quien se dirigen piadosamente. Esta melodÃa rústica ha herido los oÃdos de los coribantes. A su vez, éstos salen cantando, de las grutas secretas donde el amor les dio asilo. ¡Hosana! ¡Paz en la tierra y gloria en los cielos!
Sobre las montañas del Himalaya una pequeña flor ha nacido. —No me olvides—. La mirada tornasol de una estrella se ha fijado un instante sobre la flor y una respuesta se ha dejado oÃr en un dulce idioma extranjero. —¡Miosotis!
Una perla de plata brillaba en la arena; una perla de oro resplandecÃa en el cielo… El mundo estaba creado. ¡Castos amores, divinos suspiros!, inflamad la montaña santa… ¡Pues tenéis hermanos en los valles y hermanas tÃmidas que se ocultan en el seno de los bosques!

Bosquecillos embalsamados de Paphos, no valéis lo que esos retiros donde se respira a plenos pulmones el aire vivificante de la patria. ¡Allá arriba, sobre las montañas, la gente vive contenta; el ruiseñor salvaje se halla contento!
