Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Luego los monstruos cambiaban de forma y, despojándose de su primera piel, se erguían más potentes sobre patas gigantescas; la enorme masa de sus cuerpos rompía las ramas de las malezas y, en el desorden de la naturaleza, se entregaban a combates en que yo mismo tomaba parte, porque tenía un cuerpo tan extraño como el de ellos. De pronto una armonía singular resonó en nuestras soledades y parecía que los gritos, los rugidos y los silbidos confusos de los seres primitivos se modularan de allí en adelante según ese tema divino. Las variaciones se sucedían al infinito, el planeta se iluminaba poco a poco, formas divinas se dibujaban sobre los follajes y sobre la profundidad de los sotos y, ya vencidos, todos los monstruos que había visto abandonaban sus formas extravagantes y se transformaban en hombres y mujeres; otros revestían, en sus transformaciones, el aspecto de las bestias salvajes, de los peces y de las aves.

