Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Pronto los pueblos fueron diezmados por las enfermedades; las bestias y las plantas murieron, y los inmortales mismos perecían bajo sus trajes pomposos. Una plaga mayor que las otras vino de improviso a salvar y rejuvenecer al mundo. La constelación de Orión abrió en el cielo las cataratas del agua; la tierra, demasiado cargada con los hielos del polo opuesto, dio media vuelta sobre sí misma y los mares, desbordando sus playas, refluyeron sobre las altiplanicies de África y Asia; la inundación penetró las arenas, llenó las tumbas y las pirámides y, durante cuarenta días, un arca misteriosa se paseó sobre los mares llevando la esperanza de una nueva creación.
Tres de los Eloíms se habían refugiado sobre la cima de la más alta de las montañas de África. Entre ellos se libró un combate. Aquí, mi memoria se enturbia, y no sé cuál fue el resultado de esa suprema lucha. Únicamente veo, sobre un picacho bañado por las aguas, a una mujer abandonada que grita, con los cabellos en desorden, debatiéndose contra la muerte. Sus ayes lastimeros dominaban el ruido de las aguas… ¿Fue salvada? Lo ignoro. Los dioses, sus hermanos, la habían condenado, pero encima de su cabeza brillaba la estrella de la tarde que vertía sobre su frente rayos ardientes.
