La Mano encantada
La Mano encantada
AL dÃa siguiente por la mañana cuatro hombres atravesaban las verdes avenidas del Pré-aux-Clercs buscando un sitio adecuado y bastante oculto. Cuando llegaron al borde de la colina que hay en la parte meridional se detuvieron en el sitio dispuesto para un juego de bolos, que les pareció terreno muy indicado para desafiarse cómodamente. Entonces Eustaquio y su contrincante se desnudaron los jubones y los padrinos los reconocieron a entrambos bajo la camisa y bajo las calzas. El pañero no dejaba de estar emocionado, pero tenÃa fe en el augurio del bohemio, pues ya se sabe que nunca las operaciones mágicas, bebedizos, filtros o sortilegios tuvieron más crédito que entonces, dando lugar a tantÃsimos procesos, de los cuales los registros de los tribunales están llenos, siendo curioso que hasta los jueces eran crédulos y dados al común sentir.
El padrino de Eustaquio, alquilado por éste en el Puente Nuevo mediante pago de un escudo, saludó al padrino del arcabucero y le preguntó si también él estaba dispuesto a batirse; pero como le contestase negativamente, se cruzó de brazos con indiferencia y se hizo atrás para contemplar a los campeones.
