Los jardines interiores
Los jardines interiores La mujer que en mi lozana
juventud pudo haber sido
—si Dios hubiera querido—
mÃa,
en el paisaje interior
de un paraÃso de amor
y poesÃa;
la que prócer o aldeana
«mi aldeana» o «mi princesa»
se hubiera llamado, esa
es, en mi libro, Damiana.
La hija risueña y santa,
gemela de serafines,
libélula en mis jardines
quizás y en mi feudo infanta;
la que
pudo dar al alma fe,
vigor al esfuerzo, tino
al obrar, ¡la que no vino
por mucho que la llamé!
La que aún mi frente besa
desde una estrella lejana,
esa
es en mi libro Damiana.
Y aquella que me miró,
no sé en qué patria querida
