Poesia y prosa
Poesia y prosa 
BIEN VENGA, CUANDO VINIERE,
la Muerte; su helada mano
bendeciré si hiere…
He de morir como muere
un caballero cristiano.
Humilde, sin murmurar,
¡oh Muerte! me he de inclinar
cuando tu golpe me venza;
¡pero déjame besar,
mientras expiro, su trenza!
¡La trenza que te corté
y que, piadoso guardé
(impregnada todavÃa
del sudor de su agonÃa)
la tarde en que se me fue!
Su noble trenza de oro:
amuleto ante quien oro,
Ãdolo de locas preces,
empapado por mi lloro
tantas veces…, tantas veces…
Deja que, muriendo, pueda
acariciar esa seda
en que vive aún su olor:
¡Es todo lo que me queda
de aquel infinito amor!
Cristo me ha de perdonar
