Poesia y prosa
Poesia y prosa Ha muerto Rubén Darío,
¡el de las piedras preciosas!

HERMANO, ¡CUÁNTAS NOCHES TU ESPÍRITU Y EL MÍO,
unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas,
sondear quisieron ávidas el Enigma sombrío,
más allá de los astros y de las nebulosas!
Ha muerto Rubén Darío,
¡el de las piedras preciosas!
¡Cuántos años intensos junto al Sena vivimos,
engarzando en el oro de un común ideal
los versos juveniles que, a veces, brotar vimos
como brotan dos rosas a un tiempo de un rosal!
Hoy tu vida, inquieta cual torrente bravío,
en el Mar de las Causas desembocó; ya posas
las plantas errabundas en el islote frío
que pintó Böckin… ¡ya sabes todas las cosas!
Ha muerto Rubén Darío,
¡el de las piedras preciosas!
Mis ondas rezagadas van de las tuyas; pero
pronto en el insondable y eterno mar del todo
se saciara mi espíritu de lo que saber quiero:
del Cómo y del Porqué, de la Esencia y del Modo.
Y tú, como en Lutecia las tardes misteriosas