Poesia y prosa
Poesia y prosa enorme carbúnculo ardiente.
El coronel negro para las tristezas,
los duelos y las
capillas ardientes;
para erguirse cerca de los catafalcos
y a las hondas criptas descender solemne,
prescindiendo mudas filas de alabardas,
tras los ataúdes de infantes y reyes.
Mas cuando la reina dejaba el alcázar,
futuro de todos, recelosa y leve;
cuando por las tardes, en su libro de horas,
minado por dedos de monjes pacientes,
murmuraba rezos tras de los vitrales;
cuando en el reposo de los escabeles
bordaba rubíes sobre los damascos,
mientras la tediosa cauda de los meses
pasaba arrastrando sus mayos floridos,
sus julios quemantes, sus grises diciembres;
cuando en el ensueño sumergía su alma,
silencioso, esquivo, a la guardia siempre
con la mano puesta sobre el fino estoque,
el coronel verde…
El coronel verde llevaba en su pecho
vivo coselete
color de cantárida; fijaba en su reina
ojos de batracio, destilando fiebre;
trémula esmeralda lucía en su dedo,