Poesia y prosa
Poesia y prosa Amnesia

Muchos dÃas apacibles, radiosos, transcurrieron sin que el «fenómeno» volviera a producirse; pero una tarde, en Roma, a fa sazón que desembocábame la plaza de San Pedro, ante la BasÃlica y las imponentes columnatas del Bernino, Blanca se repegó contra mà y con un acento de verdadera angustia y desolación me dijo:
—¡Pablo, yo ya he visto esto, seguramente contigo!
Y palideció horriblemente.
—No, hija mÃa; te he explicado de sobra en qué consiste tu ilusión…
—Pablo, no es ilusión; yo he visto esto… yo he estado aquÃ.
Y después de un momento de estupor:
—¡Quién soy yo, Pablo! Tengo miedo… ¡Quién soy yo!
No quise ya dar un paso más, y, desolado, hube de llevarla a nuestro coche que nos aguardaba cerca, y regresé con ella al hotel.
Después de aquel relámpago de lucidez, quedose entontecida, muda, absorta y no pronunció una palabra más.
