Poesia y prosa
Poesia y prosa El diablo desinteresado

Cipriano, vestido con la pulcritud y ortodoxia propias de un hombre que va a ver a Laura (¡¡¡a ver a Laura!!!) y que, a pesar de su modestia, tiene los trajes necesarios, presentose a las cinco en punto de la tarde «chez Madame Dupont».
La dueña de la casa, apetitosa jamona de un agradable moreno mate y de profundos ojos obscuros, item más con un suave bozo en el labio (lector, a Cipriano de Urquijo no le gustan las mujeres con bozo. ¿Y a ti?), la dueña de la casa, digo, en cuanto se presentó a ella el joven pintor, acogiole como llovido del cielo, con la más hospitalaria de sus sonrisas:
—¡Ah! C'est vous, M. de Urquijo (madame Dupont pronunció la jota de Urquijo —esa nuestra áspera letra felina— con peculiar acento y dándole el sonido francés, naturalmente); ¡soyez le bienvenu, M. de Urquijo!
Y en tono confidencial (el autor seguirá traduciendo casi siempre al español los diálogos, para comodidad del lector… y de los linotipistas), añadió:
—Me ha sido usted calurosamente recomendado por un amigo a quien deseo muchÃsimo complacer…
—¿Por el diablo? —se atrevió a insinuar Cipriano (y con supino candor dejó advertir una gran emoción en la voz…
