Poesia y prosa
Poesia y prosa El diablo desinteresado

En éstas, llegaron los dÃas del Salón.
El retrato estaba concluido.
«Era maravilloso», según decÃan los más entusiastas; «estaba bien», según decÃan los menos; «pas mal du tout», en concepto de los maestros franceses.
Procedimiento propio, dominio absoluto de la técnica, un sello caracterÃstico, muy marcado; elegancia, mucha elegancia; en suma, algo nuevo bajo del sol… dentro de lo relativo de toda novedad.
Laura no cabÃa en sà de contentamiento; Madame Constantin habÃa llevado a todas sus amistades al modesto estudio de Cipriano (quien hubo de pedir prestadas a sus compañeros algunas sillas); M. VÃctor Anatolio Constantin, del Instituto, invitó por su parte, a varios de sus colegas.
Para que todo fuera completo, hasta el diablo, aquel escondido diablo benefactor, dio oportunas señales de vida. Una tarjeta, llegada por el correo, decÃa:
«El diablo supone que el señor don Cipriano de Urquijo enviará al Salón, naturalmente, el retrato de la señorita Laura. El Jurado de admisión dará, sin duda, a esta obra de arte un lugar preferentÃsimo».
… Y asà fue.