Poesia y prosa
Poesia y prosa Te he dicho que estaba enamorado de Ana MarÃa, para que encuentres naturales todas las apreciaciones, todos los temores, ya que estar enamorado es navegar por los mares de la inquietud… Y has de saber más: has de saber que, a medida que transcurrÃan los dÃas, esta inquietud se iba acrecentando en mà de una manera alarmante.
Mi angustia era continua…, pero si he de ser justo, mi deleite era, en cambio, desmesurado. Cada beso que robaba a aquella boca tenÃa el sabor intenso, la voluptuosidad infinita del último beso… ¡Cada palabra tierna podÃa ser la postrera palabra oÃda!
Pues, ¡y mis noches! ¡Si tú supieras de qué deliciosa zozobra estaban llenas mis noches!
¡Cuántas veces me despertaba con sobresalto repentino, buscando a mi lado a Ana MarÃa! ¡Con qué alivio veÃala y contemplábala durmiendo apaciblemente! ¡Con qué sensación de bienestar estrechaba su mano larga y fina, inerte sobre su cuerpo tibio!
A veces ella se despertaba también, comprendÃa, al sorprenderme despierto, mi drama interior; se repegaba contra mà y me decÃa dulcemente: «no pienses en eso…, ¡todavÃa no! ¡Duerme tranquilo!».