Poesia y prosa
Poesia y prosa En cambio era Madrid frecuentada por innumerables forasteros, y en su calle Mayor, siempre animada, y en sus muchas callejuelas, se codeaban los soldados que había mojado la lluvia pertinaz de Flandes, y los que había tostado el sol de Nueva España; los veteranos que habían peleado en San Quintín (y aun algunos, muy raros, que recordaban las hazañas del César en Túnez), y los aventureros que andaban en busca de cualquier empresa (entonces se intentaba la de Portugal) a fin de emplear en ella su coraje, su arcabuz y su inútil espada; los bravos a quienes fue dado ver con don Juan de Austria los apretados trances y la gloria de Lepanto, y los que, siguiendo las huellas de Pizarro, admiraron los portentos del Perú.
¡Cuántas veces, entre aquella turba de valientes o bravoneles, desencantado, triste, enfermo, recordando la libre vida de Italia, que amó tanto, pasearía también con su manquedad y su genio don Miguel de Cervantes Saavedra, hidalgo, soldado, escritor de entremeses, alcabalero, comisionista, miserable, hambriento… y semidiós!
