Poesia y prosa
Poesia y prosa Una mentira

Apenas habÃa salido Blanca de su casa, cuando llamaron al teléfono.
Era la condesa de I.
Fernando cogió la bocina.
—¡Hola!, ¿es usted, condesa?, muy buenas tardes.
—Muy buenas tardes: ¿Está ahà Blanca?
—Justamente acaba de irse a casa de usted, a la garden party.
—¡Toma!, y yo que le telefoneaba para decirla que habÃa suspendido la fiesta…
—Que la ha suspendido usted, ¿y por qué, condesa?
—¡Cómo!, ¿no sabe usted que acaba de morir la princesa Leticia de L… prima hermana de Su Alteza el Infante don Francisco?
—Lo ignoraba en absoluto.
—Pues, sÃ, señor, acaba de morir, y por consideración a Su Alteza que prometió asistir a la fiesta, habrá que aplazarla…
Puesto que Blanca ha salido ya, tomará el té conmigo y sabrá aquà lo del aplazamiento —agregó la condesa.
Fernando acabó de vestirse. Al salir de casa dejó dicho:
