Poesia y prosa
Poesia y prosa Una mentira

La revelación de su tremenda desgracia habíalo aturdido.
De su tremenda desgracia, sí, porque no cabía duda, Blanca lo engañaba. Aprovechando la invitación a la fiesta, y sabiendo perfectamente que él, siempre confiado y distraído en sus labores, no habría de preguntarla nada, había ido a otra parte… ¿A dónde?, sin duda a una cita…
Y aquélla no era la primera vez: sin la casual suspensión de la garden party, sin el providencial teléfono que llamaba justamente unos minutos después que ella se había marchado, Fernando nada habría sabido (como aconteció seguramente a menudo antes de aquella tarde). Por la noche, pensaría ella, dos o tres palabras vagas sobre la fiesta y luego la comida tranquila, sin sombra de sospecha…
Pero el teléfono había sido en aquella ocasión instrumento del destino, y Fernando sabía ya la espantosa verdad.
Espantosa por inesperada y por cruel. Por inmerecida también.
