Poesia y prosa
Poesia y prosa Y mientras meditaba tan dolorosamente repasando estas ideas, dos inmensas pupilas: la del mar y la del cielo, saturábanlo de azul, de oro, de mansedumbre, y el rumor lejano de la onda eterna, volviéndose voz por excelencia de la Naturaleza, parecía repetirle:
«Reposa en mí, hijo mío. Todo lo que piensan e imaginan los nombres es mentira: yo soy la única verdad. Búscame siempre y te daré la sabiduría sin palabras y la paz infinita…».