Poesia y prosa
Poesia y prosa No le quedaba más que un dilema, o renunciar a su carrera y desaparecer, conquistando asà la relativa libertad que un hombre sin puesto ni ligas sociales puede tener en el mundo, o creer a Blanca, creer lo que le dijese Blanca; darla un beso de reconciliación… y a vivir la vida de tés, de bridges, de lunes del Ritz, de tarjeteo, etcétera, etcétera, como los otros, estrangulando allá en el fondo del alma su pobre ética y su manido sentimentalismo…
Y miraba al mar apasionadamente.
HabÃa errado la vocación. Qué dicha ser marino. Tener un barco. Ir de puerto en puerto, arrostrando tormentas.
¡Un barco en que no hubiese mujeres!; en que hubiese libros, faenas rudas, viriles, y mucha paz.
¡Un barco velero; la verdadera nave: un gran bergantÃn blanco o una fragata, con sus tres palos altivos!
Marinos fuertes y sencillos, comida frugal. Café negro, galleta y un trago de ginebra…
¡Y el mar y el cielo nada más, el mar y el cielo: las dos sublimes pupilas de la Naturaleza!