Poesia y prosa
Poesia y prosa 
¿POR QUÉ PERMANECISTE SIEMPRE SORDA A MI GRITO?
¡Dios sabe cuántas veces, con amor infinito,
te busqué en las tinieblas, sin poderte encontrar!
Hoy —¡por fin!— te recobro: todo, pues, era cierto…
¡Hay un alma! ¡Qué dicha! No es que sueñe despierto…
¡Te recobro! ¡Me miras y te vuelvo a mirar!
—Me recobras, amigo, porque ya eras un muerto:
De fantasma a fantasma nos podemos amar.
