Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra ¡Con ellas puedo siempre todavÃa – decir la verdad a los hipócritas! ¡SÃ, mis espinas de pescado, mis conchas y mis cardos deben – cosquillear las narices a los hipócritas!
Aire viciado hay siempre en torno a vosotros y a vuestros banquetes: ¡vuestros lascivos pensamientos, vuestras mentiras y disimulos están, en efecto, en el aire!
¡Osad primero creeros a vosotros mismos – a vosotros y a vuestras entrañas! El que no se cree a sà mismo miente siempre.
Una máscara de un dios habéis colgado delante de vosotros mismos, «puros»: en una máscara de un dios se ha introducido, arrastrándose, vuestra asquerosa lombriz.
¡En verdad, vosotros engañáis, «contemplativos»! También Zaratustra fue en otro tiempo el chiflado de vuestras pieles divinas; no adivinó las enroscadas serpientes de que estaban llenas esas pieles.
¡En otro tiempo me imaginé ver jugar el alma de un dios en vuestros juegos, hombres del puro conocimiento! ¡En otro tiempo me imaginé que no habÃa mejor arte que vuestras artes!
La distancia me ocultaba la inmundicia de serpientes y su mal olor: y que aquà rondaba, lasciva, la astucia de un lagarto.