Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Mientras yo yacía dormido en el suelo vino una oveja a pacer de la corona de hiedra de mi cabeza, – pació y dijo: «Zaratustra ha dejado de ser un docto».
Así dijo, y se marchó hinchada y orgullosa[219]. Me lo ha contado un niño.
Me gusta estar echado aquí donde los niños juegan, junto al muro agrietado, entre cardos y rojas amapolas.
Todavía soy un docto para los niños, y también para los cardos y las rojas amapolas. Son inocentes, incluso en su maldad.
Mas para las ovejas he dejado de serlo: así lo quiere mi destino – ¡bendito sea!
Pues ésta es la verdad: he salido de la casa de los doctos: y además he dado un portazo a mis espaldas.
Durante demasiado tiempo mi alma estuvo sentada hambrienta a su mesa; yo no estoy adiestrado al conocer como ellos, que lo consideran un cascar nueces.
Amo la libertad, y el aire sobre la tierra fresca; prefiero dormir sobre pieles de buey que sobre sus dignidades y respetabilidades.
Yo soy demasiado ardiente y estoy demasiado quemado por pensamientos propios: a menudo me quedo sin aliento. Entonces tengo que salir al aire libre y alejarme de los cuartos llenos de polvo.