Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Así oyó Zaratustra hablar a un adivino[249]; y su vaticinio le llegó al corazón y se lo transformó. Triste y cansado iba de un sitio para otro; y acabó pareciéndose a aquellos de quienes el adivino había hablado.
En verdad, dijo a sus discípulos, de aquí a poco[250] llegará ese largo crepúsculo. ¡Ay, cómo salvaré mi luz llevándola al otro lado!
¡Que no se me apague en medio de esta tristeza! ¡Debe ser luz para mundos remotos e incluso para noches remotísimas!
Contristado de este modo en su corazón iba Zaratustra de un lado para otro; y durante tres días no tomó bebida ni comida, estuvo intranquilo y perdió el habla. Por fin ocurrió que cayó en un profundo sueño. Mas sus discípulos estaban sentados a su alrededor, en largas velas nocturnas, y aguardaban preocupados a ver si se despertaba y recobraba el habla y se curaba de su tribulación.
Y éste es el discurso que Zaratustra pronunció al despertar; su voz llegaba a sus discípulos como desde una remota lejanía.
¡Oídme el sueño que he soñado, amigos, y ayudadme a adivinar su sentido!
Un enigma continúa siendo para mí este sueño; su sentido está oculto dentro de él, aprisionado allí, y aún no vuela por encima de él con alas libres.