Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Entonces algo me habló de nuevo como un susurro: «Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo[274].
Oh Zaratustra, debes caminar como una sombra de lo que tiene que venir: así mandarás y, mandando, precederás a otros». –
Y yo respondí: «Me avergüenzo».
Entonces algo me habló de nuevo sin voz: «Tienes que hacerte todavía niño y no tener vergüenza.
El orgullo de la juventud está todavía sobre ti, tarde te has hecho joven: pero el que quiere convertirse en niño tiene que superar incluso su juventud». –
Y yo reflexioné durante largo tiempo, y temblaba. Pero acabé por decir lo que había dicho al comienzo: «No quiero».
Entonces oí risas a mi alrededor. ¡Ay, cómo esas risas me desgarraron las entrañas y me hendieron el corazón!
Y por última vez algo me habló: «¡Oh Zaratustra, tus frutos están maduros, pero tú no estás maduro para tus frutos!
Por ello tienes que volver de nuevo a la soledad: pues debes ponerte tierno aún». –