Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra 1
Cuando se corrió entre los marineros la voz de que Zaratustra se encontraba en el barco, – pues al mismo tiempo que él habÃa subido a bordo un hombre que venÃa de las islas afortunadas – prodújose una gran curiosidad y expectación. Mas Zaratustra estuvo callado durante dos dÃas, frÃo y sordo de tristeza, de modo que no respondÃa ni a las miradas ni a las preguntas. Al atardecer del segundo dÃa, sin embargo, aunque todavÃa guardaba silencio, volvió a abrir sus oÃdos: pues habÃa muchas cosas extrañas y peligrosas que oÃr en aquel barco, que venÃa de lejos y que querÃa ir aún más lejos. Zaratustra era amigo, en efecto, de todos aquéllos que realizan largos viajes y no les gusta vivir sin peligro. Y he aquà que, por fin, a fuerza de escuchar, su propia lengua se soltó y el hielo de su corazón se rompió: – entonces comenzó a hablar asÃ: A vosotros los audaces buscadores e indagadores, y a quienquiera que alguna vez se haya lanzado con astutas velas a mares terribles, –
a vosotros los ebrios de enigmas, que gozáis con la luz del crepúsculo, cuyas almas son atraÃdas con flautas a todos los abismos laberÃnticos:
– pues no queréis, con mano cobarde, seguir a tientas un hilo; y allà donde podéis adivinar, odiáis el deducir –
