Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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La ofrenda de la miel

Y de nuevo pasaron lunas y años sobre el alma de Zaratustra, y él no prestaba atención a eso; mas su cabello se volvió blanco. Un día, cuando se hallaba sentado sobre una piedra[437] delante de su caverna y miraba en silencio hacia afuera, – desde allí se ve el mar a lo lejos, al otro lado de abismos tortuosos – sus animales estuvieron dando vueltas, pensativos, a su alrededor y por fin se colocaron delante de él.

«Oh Zaratustra, dijeron, ¿es que buscas con la mirada tu felicidad?»[438] – «¡Qué importa la felicidad!, respondió él, hace ya mucho tiempo que yo no aspiro a la felicidad, aspiro a mi obra.» – «Oh Zaratustra, hablaron de nuevo los animales, dices eso como quien está sobrado de bien. ¿No yaces tú acaso en un lago de felicidad azul como el cielo?» – «Picaros, respondió Zaratustra, y sonrió, ¡qué bien habéis elegido la imagen! Pero también sabéis que mi felicidad es pesada, y no como una fluida ola de agua: me oprime y no quiere despegarse de mí y se parece a pez derretida». –




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