Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso[5], como dicen los hombres a quienes quiero bajar.
¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre».
– Así comenzó el ocaso de Zaratustra[6].
2
Zaratustra bajó solo de las montañas sin encontrar a nadie. Pero cuando llegó a los bosques surgió de pronto ante él un anciano que había abandonado su santa choza para buscar raíces en el bosque[7]. Y el anciano habló así a Zaratustra:
No me es desconocido este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado.
Entonces llevabas tu ceniza a la montaña[8]: ¿quieres hoy llevar tu fuego a los valles? ¿No temes los castigos que se imponen al incendiario?
Sí, reconozco a Zaratustra. Puro es su ojo, y en su boca no se oculta náusea alguna[9]. ¿No viene hacia acá como un bailarín?