Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra ¡Deja de chapotear acerca de eso, tú nube de lluvia en la mañana! ¿No estoy ya mojado por tu tribulación, y empapado como un perro?
Ahora voy a sacudirme y a alejarme de ti, para quedar seco de nuevo: ¡de esto no tienes derecho a asombrarte! ¿Te parezco descortés? Pero aquí está mi corte.
Y en lo que se refiere a tu hombre superior: ¡bien!, voy aprisa a buscarlo en aquellos bosques: de allí venía su grito. Tal vez lo acosa allí un malvado animal.
Está en mis dominios[455]: ¡en ellos no debe sufrir ningún daño! Y, en verdad, hay muchos animales malvados en mi casa». –
Dichas estas palabras Zaratustra se dio la vuelta para irse. Entonces dijo el adivino: «Oh Zaratustra, ¡eres un bribón!
Lo sé bien: ¡quieres librarte de mí! ¡Prefieres correr a los bosques y acechar animales malvados!
Mas ¿de qué te sirve eso? Al atardecer me tendrás de nuevo, en tu propia caverna permaneceré sentado, paciente y pesado como un leño – ¡y te aguardaré!».
«¡Así sea!, replicó Zaratustra yéndose: ¡y lo que en mi caverna es mío, también te pertenece a ti, huésped mío!
Y si todavía encontrases miel ahí dentro, ¡bien!, ¡lámetela toda, oso gruñón, y endulza tu alma! Pues al atardecer queremos estar los dos de buen humor.