Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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La sanguijuela[465]

Y Zaratustra siguió pensativo su camino, bajando cada vez más, atravesando bosques y bordeando terrenos pantanosos; y como le ocurre a todo aquél que reflexiona sobre cosas difíciles pisó, sin darse cuenta, a un hombre. Y he aquí que de pronto le salpicaron la cara un grito de dolor y dos maldiciones y veinte injurias perversas: de modo que, con el susto, alzó el bastón y golpeó además a aquel al que había pisado. Pero inmediatamente recobró el juicio; y su corazón rió de la tontería que acababa de cometer.

«Perdona, dijo al pisado, el cual se había erguido furioso y se había sentado, perdona y escucha antes de nada una parábola.

Así como un viajero que sueña con cosas lejanas tropieza, sin darse cuenta, en una calle solitaria con un perro dormido, con un perro tendido al sol:

– y ambos se encolerizan, se increpan, como enemigos mortales, los dos mortalmente asustados: así nos ha ocurrido a nosotros.

¡Y sin embargo! Y sin embargo – ¡qué poco ha faltado para que ambos se acariciasen, ese perro y ese solitario! ¡Pues ambos son – solitarios!».

– «Quienquiera que seas, dijo, todavía furioso, el pisado, ¡también con tu parábola me pisoteas, y no sólo con tu pie!


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