Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra «Entonces aprendiste, interrumpió Zaratustra al que hablaba, que es más difícil dar bien que tomar bien, y que regalar bien es un arte y la última y más refinada maestría de la bondad»[498].
«Especialmente hoy en día, respondió el mendigo voluntario: hoy en que todo lo bajo se ha vuelto levantisco e intratable, y orgulloso a su manera, a saber: a la manera de la plebe.
Pues ha llegado la hora, tú lo sabes bien, de la grande, perversa, larga, lenta rebelión de la plebe y de los esclavos: ¡Rebelión que crece cada vez más!
Ahora toda beneficencia y todo pequeño regalo indignan a los de abajo; ¡y los demasiado ricos, que estén en guardia!
Quien hoy, semejante a una botella ventruda, gotea por cuellos demasiado estrechos: – a esas botellas la gente gusta hoy de romperles el cuello.
Codicia lasciva, envidia biliosa, rencor malhumorado, orgullo plebeyo: todo eso me ha saltado a la cara. Ya no es verdad que los pobres sean bienaventurados[499]. El reino de los cielos está entre las vacas».
¿Y por qué no está entre los ricos?, preguntó Zaratustra para tentarlo, mientras rechazaba a las vacas, que acariciaban familiarmente con su aliento a aquel apacible hombre.