Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Él no habla: excepto para decir siempre sí al mundo que él creó: así alaba a su mundo[562]. Su astucia es la que no habla: de este modo rara vez se equivoca.
– Y el asno rebuznó I-A.
Camina por el mundo sin ser notado. Gris es el color de su cuerpo[563], en ese color oculta su virtud. Si tiene espíritu, lo esconde; pero todos creen en sus largas orejas.
– Y el asno rebuznó I-A.
¡Qué oculta sabiduría es ésta, tener orejas largas y decir únicamente sí y nunca no! ¿No ha creado el mundo a su imagen[564], es decir, lo más estúpido posible?
– Y el asno rebuznó I-A.
Tú recorres caminos derechos y torcidos; te preocupas poco de lo que nos parece derecho o torcido a nosotros los hombres. Más allá del bien y del mal está tu reino. Tu inocencia está en no saber lo que es inocencia.
– Y el asno rebuznó I-A.
Mira cómo tú no rechazas a nadie de tu lado, ni a los mendigos ni a los reyes. Los niños pequeños los dejas venir a ti[565], y cuando los muchachos malvados te seducen[566], dices tú con toda sencillez I-A.
– Y el asno rebuznó I-A.
Tú amas las asnas y los higos frescos, no eres un remilgado. Un cardo te cosquillea el corazón cuando sientes hambre. En esto está la sabiduría de un Dios.