Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Oh vosotros hombres superiores, vuestra necesidad fue la que aquel viejo adivino me vaticinó ayer por la mañana, –

– a acudir a vuestra necesidad quería seducirme y tentarme: oh Zaratustra, me dijo, yo vengo para seducirte a tu último pecado[596].

¿A mi último pecado?, exclamó Zaratustra, y furioso se rió de sus últimas palabras: ¿qué se me había reservado como mi último pecado?».

– Y una vez más Zaratustra se abismó dentro de sí y volvió a sentarse sobre la gran piedra y reflexionó. De repente se levantó de un salto, –

«¡Compasión! ¡La compasión por el hombre superior!, gritó, y su rostro se endureció como el bronce. ¡Bien! ¡Eso – tuvo su tiempo!

Mi sufrimiento y mi compasión – ¡qué importan! ¿Aspiro yo acaso a la felicidad? ¡Yo aspiro a mi obra![597]

¡Bien! El león ha llegado, mis hijos están cerca, Zaratustra está ya maduro, mi hora ha llegado: –

Ésta es mi mañana, mi día comienza: ¡asciende, pues, asciende tú, gran mediodía!» – –

Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene de oscuras montañas.

Fin de A HABLÓ ZARATUSTRA.


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