Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra «Un vivo y un muerto, dijo Zaratustra. Dame de comer y de beber, he olvidado hacerlo durante el día. Quien da de comer al hambriento reconforta su propia alma: así habla la sabiduría.»[30]
El viejo se fue y al poco volvió y ofreció a Zaratustra pan y vino: «Mal sitio es éste para hambrientos, dijo. Por eso habito yo aquí. Animales y hombres acuden a mí, el eremita. Mas da de comer y de beber también a tu compañero, él está más cansado que tú». Zaratustra respondió: «Mi compañero está muerto, difícilmente le persuadiré a que coma y beba». «Eso a mí no me importa, dijo el viejo con hosquedad; quien llama a mi casa tiene que lomar también lo que le ofrezco. ¡Comed y que os vaya bien!». –
A continuación Zaratustra volvió a caminar durante dos horas, confiando en el camino y en la luz de las estrellas: pues estaba habituado a andar por la noche y le gustaba mirar a la cara a todas las cosas que duermen[31]. Mas cuando la mañana comenzó a despuntar, Zaratustra se encontró en lo profundo del bosque, y ningún camino se abría ya ante él. Entonces colocó al muerto en un árbol hueco, a la altura de su cabeza —pues quería protegerlo de los lobos— y se acostó en el suelo de musgo. En seguida se durmió, cansado el cuerpo, pero inmóvil el alma.
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