Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Hombre era, y nada más que un pobre fragmento de hombre y de yo: de mi propia ceniza y de mi propia brasa surgió ese fantasma, y, ¡en verdad!, ¡no vino a mà desde el más allá!
¿Qué ocurrió, hermanos mÃos? Yo me superé a mà mismo, al ser que sufrÃa, yo llevé mi ceniza a la montaña[49], inventé para mà una llama más luminosa. ¡Y he aquà que el fantasma se me desvaneció!
Sufrimiento serÃa ahora para mÃ, y tormento para el curado, creer en tales fantasmas: sufrimiento serÃa ahora para mÃ, y humillación. Asà hablo yo a los trasmundanos.
Sufrimiento fue, e impotencia, – lo que creó todos los trasmundos; y aquella breve demencia de la felicidad que sólo experimenta el que más sufre de todos.
Fatiga, que de un solo salto quiere llegar al final, de un salto mortal, una pobre fatiga ignorante, que ya no quiere ni querer: ella fue la que creó todos los dioses y todos los trasmundos.
¡Creedme, hermanos mÃos! Fue el cuerpo el que desesperó del cuerpo, – con los dedos del espÃritu trastornado palpaba las últimas paredes.
¡Creedme, hermanos mÃos! Fue el cuerpo el que desesperó de la tierra, – oyó que el vientre del ser le hablaba.