Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Instrumentos y juguetes son el sentido y el espíritu: tras ellos se encuentra todavía el sí-mismo[56]. El sí-mismo busca también con los ojos de los sentidos, escucha también con los oídos del espíritu.
El sí-mismo escucha siempre y busca siempre: compara, subyuga, conquista, destruye. El sí-mismo domina y es el dominador también del yo.
Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido – llámase sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.
Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría?
Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos. «¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos del pensamiento?, se dice. Un rodeo hacia mi meta. Yo soy las andaderas del yo y el apuntador de sus conceptos».
El sí-mismo dice al yo: «¡siente dolor aquí!». Y el yo sufre y reflexiona sobre cómo dejar de sufrir – y justo para ello debe pensar.
El sí-mismo dice al yo: «¡siente placer aquí!». Y el yo se alegra y reflexiona sobre cómo seguir gozando a menudo – y justo para ello debe pensar.