Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos Con el desvanecerse de la luz,
cuando ya el consuelo del rocÃo
se filtra en la tierra,
invisible, inaudible
—pues delicado calzado lleva
el consolador rocÃo, como todo dulce consuelo—
entonces recuerdas, tú recuerdas, ardiente corazón
cuan sediento estuviste
de lágrimas celestes y gotas de rocÃo,
abrasado, cansado, sediento,
mientras en sendas de amarilla greda
miradas malignas del sol crepuscular
a través de la negra arboladura en torno a ti corrÃan,
deslumbrantes, maliciosas, abrasadoras miradas del sol.
«¿Tú el pretendiente de la verdad?» —asà se burlaban—.
«¡No! ¡Sólo un poeta!
un animal astuto, saqueador, rastrero,
que ha de mentir,
que premeditadamente, intencionadamente
ha de mentir,
multicolor enmascarado,
