Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos Viento mistral, cazador de nubes,
segador de penas, despejador del cielo,
rumoroso ¡cómo te amo!
¿No somos tú y yo de un mismo regazo
primogénitos, a un mismo destino
perpetuamente abocados?
Por resbaladizos caminos rocosos
corro danzando hacia ti,
danzando, mientras tú silbas y cantas:
Tú, que sin barca ni remo,
como el más libre hermano de la libertad
saltas sobre mares encrespados.
Apenas despierto oí tu llamada,
me lancé a los acantilados,
al amarillo muro junto al mar.
¡Salve! Ya llegabas tú, cual clara
diamantina catarata,
victorioso desde las montañas.
Por llanuras celestes
vi correr a tus corceles,
vi el carro que conduces,
vi tu mano estremecerse
cuando descargabas el látigo como un rayo
sobre el lomo de los potros.
Te vi saltar del carro,
y aún más veloz descender,