Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos ¡tú, loco!, ¡tú, poeta!…
Tú que consideras al hombre
tanto dios como oveja—,
desgarrar al dios en el hombre
como a la oveja en el hombre
y desgarrando reÃr—
¡ésa, ésa es tu felicidad!
¡felicidad de leopardo y águila,
felicidad de loco y de poeta!»…
Con el desvanecerse de la luz,
mientras la hoz de la luna
se desliza verde y envidiosa
entre rojos purpúreos,
—hostil al dÃa,
segando a cada paso
las guirnaldas de rosas
con sigilo, hasta que se hunden,
pálidas, en el seno nocturno:
asà caà yo mismo alguna vez
desde mi desvarÃo de verdad,
desde mis dÃas afanosos,
del dÃa cansado, enfermo de luz,
—caà hacia abajo, hacia la noche, hacia las sombras,
abrasado y sediento
de una verdad.