Ecce homo
Ecce homo Pero aquà nada ha de impedirme ponerme grosero y decirles a los alemanes unas cuantas verdades duras: ¿quién lo hace si no? Me refiero a su desvergüenza in historicis [en cuestiones históricas]. No es sólo que los historiadores alemanes hayan perdido del todo la visión grande de la andadura, de los valores de la cultura, que todos ellos sean bufones de la polÃtica (o de la Iglesia): esa visión grande ha sido incluso proscrita por ellos. Es necesario ser primero «alemán», ser «raza», dicen, luego podrá decidirse sobre todos los valores y no-valores in historicis [en cuestiones históricas] —se los fija… El vocablo «alemán» es un argumento, Deutschland, Deutschland über alles[164] [Alemania, Alemania sobre todo] es un axioma, los germanos son en la historia «el orden moral del mundo»; en relación con el imperium romanum [imperio romano] son los depositarios de la libertad, en relación con el siglo XVII son los restauradores de la moral, del «imperativo categórico»… Existe una historiografÃa del Reich alemán, existe, incluso, me temo, una historiografÃa antisemita, existe una historiografÃa áulica, y el señor Von Treitschke[165] no se avergüenza… Recientemente un juicio de idiota in historicis [en cuestiones históricas], una frase del esteta suabo Vischer[166], por fortuna ya difunto, dio la vuelta por los periódicos alemanes como una «verdad» a la que todo alemán tenÃa que decir sÃ. «El Renacimiento y la Reforma protestante, sólo ambas cosas juntas constituyen un todo —el renacimiento estético y el renacimiento moral»—. Tales frases acaban con mi paciencia, y experimento placer, siento incluso como deber el decir de una vez a los alemanes todo lo que tienen ya sobre su conciencia. ¡Todos los grandes crÃmenes contra la cultura en los últimos cuatro siglos los tienen ellos sobre su conciencia!… Y siempre por el mismo motivo, por su profundÃsima cobardÃa frente a la realidad, que es también la cobardÃa frente a la verdad, por su falta de veracidad, cosa que en ellos se ha convertido en un instinto, por «idealismo»… Los alemanes han hecho perder a Europa la cosecha, el sentido de la última época grande, la época del Renacimiento, en un instante en que un orden superior de los valores, en que los valores aristocráticos, los que dicen sà a la vida, los que garantizan el futuro, habÃan llegado a triunfar en la sede de los valores contrapuestos, de los valores de decadencia —¡y hasta en los instintos de los que allà se asentaban! Lutero, esa fatalidad de fraile, restauró la Iglesia y, lo que es mil veces peor, el cristianismo, en el momento en que éste sucumbÃa… ¡El cristianismo, esa negación de la voluntad de vida hecha religión!… Lutero, un fraile imposible, que atacó a la Iglesia por motivos de ésa su propia «imposibilidad» y —¡en consecuencia!— la restauró… Los católicos tendrÃan razones para ensalzar a Lutero, para componer obras teatrales en honor de él… Lutero —¡y el «renacimiento moral»! ¡Al diablo toda sicologÃa!—. Sin duda los alemanes son idealistas. Por dos veces, justo cuando con inmensa valentÃa y vencimiento de sà mismo se habÃa alcanzado un modo de pensar recto, inequÃvoco, perfectamente cientÃfico, los alemanes han sabido encontrar caminos tortuosos para volver al viejo «ideal», reconciliaciones entre verdad e «ideal», en el fondo fórmulas para tener derecho a rechazar la ciencia, derecho a la mentira. Leibniz y Kant, —¡esos dos máximos obstáculos para la rectitud intelectual de Europa! Finalmente, cuando a caballo entre dos siglos de décadence se dejó ver una force majeure [fuerza mayor] de genio y voluntad, lo bastante fuerte para hacer de Europa una unidad, una unidad polÃtica y económica, destinada a gobernar la Tierra, los alemanes, con sus «guerras de liberación», han hecho perder a Europa el sentido, el milagro de sentido que hay en la existencia de Napoleón, con ello tienen sobre su conciencia todo lo que vino luego, todo lo que hoy existe, esa enfermedad y esa sinrazón, las más contrarias a la cultura, que existen, el nacionalismo, esa névrose nationale [neurosis nacional] de la que está enferma Europa, esa perpetuación de los pequeños Estados de Europa, de la pequeña polÃtica: han hecho perder a Europa incluso su sentido, su razón —la han llevado a un callejón sin salida. ¿Conoce alguien, excepto yo, una vÃa para escapar de él?… ¿Una tarea lo suficientemente grande para unir de nuevo a los pueblos?